jueves, 7 de abril de 2016

Yo quiero ir al cole

- Cariño, tienes 39 de fiebre. Hoy tu cuerpo necesita descansar.
-  Pero mamá, aquí me voy a aburrir como una ostra! - dijo ella enfadada y triste.
- Lo siento hija. Mañana, si estás mejor, ya irás al cole, pero hoy no puede ser.

- Pero... y tantas ganas de ir al colegio, ¿a qué se deben? - pensó su madre algo desconcertada.

Mientras tanto, en clase de Naturales, todos aquellos niños disfrutaban experimentando con el medio. Unos venian de realizar una entrevista grupal a los compañeros de quinto curso sobre el consumo diario que hacen del agua. Las preguntas fueron expresadas en inglés, obviamente, ya que los alumnos de quinto se encontraban totalmente inmersos en su "daily English moment" en el aula, lo cual no supuso ningún problema ni para los entrevistadores ni para los entrevistados. Cuando éstos volvieron, la profesora les ofreció unas breves indicaciones y los seis alumnos cogieron sus portátiles para volcar los datos obtenidos y crear una gráfica representativa de los resultados. Otros dos alumnos parecían concentradísimos buscando yacimientos naturales de agua por Internet para incluir imágenes a su mural, que sería expuesto por sus otros dos compañeros, los cuales preparaban su discurso oral en un rincón de la misma aula, para el próximo día 22 de marzo "Día Mundial del Agua". El tutor, mientras tanto, ayudaba al grupo que estaba montando "el rincón del reciclado". Cinco minutos antes de que sonara el timbre, el tutor hizo un llamamiento colectivo y rápidamente se formó un gran grupo en el centro del aula. Cada grupo comentó brevemente la tarea que había desempeñado durante la clase, resaltando aquello que más le había gustado y si había aprendido algo nuevo. Cada alumno sabía lo que tenía que hacer. Nadie parecía desorientado, ni mucho menos desmotivado.

Donde viven los sueños

Era una fría mañana de invierno, cuando me disponía a ir al colegio. Como cada mañana, mi padre me esperaba en el pórtico de aquella maravillosa casa a la que llamaba hogar. Pasaban los días y cada uno de ellos era idéntico, en la escuela no se hacía nada en especial, solamente escuchaba atentamente las aburridas clases de doña Clara, una mujer entrada en edad para la que la educación no suponía reto alguno.
Pero un día, la señora Clara enfermó y María, una maestra muy joven tomó su relevo. Para ella la educación era un desafío diario, cada día una nueva experiencia. Además, María era una apasionada de la lectura, según ella no había mejor viaje que perderse entre las letras de sus libros. No entendí el significado de aquellas palabras hasta que pasaron unos años. Un día, en clase de literatura, ella nos planteó una pregunta, ¿cómo será la educación en el año 2040? Pues bien, ese momento ha llegado.
Si tuviese la oportunidad de verla, le diría que la Educación en la segunda mitad del Siglo XXI ha cambiado considerablemente respecto a principios de siglo. Ya no se utilizan ordenadores ni tablets como solíamos utilizarlos en los colegios, ni siquiera se utiliza la pizarra tradicional como la de doña Clara, ni las presentaciones de power point que muchos de mis docentes leían como papagayos. Ahora todo ha cambiado, se trabaja mediante las inteligencias múltiples de aquel hombre de cuyo nombre no quiero acordarme y se han cambiado esos libros vacíos de significado y sin sentido alguno por viodejuegos. Si pudiera hablar con mi yo de 2016 le diría que no se imaginará la Playstation 4 ni los juegos que en ella se hallaban, sino más bien un símil a esas películas de ciencia ficción como Interestelar. Me refiero a la cuarta dimensión, la del tiempo. Estas aplicaciones te permiten viajar en el tiempo y conocer la historia, viviéndola en el momento. Pese a que puedas viajar en el tiempo, no tienes la posibilidad de cambiar la historia, pues no se podría entender el presente actual sin un pasado que lo construya y le dé sentido. Si pudiera hablar con mi yo pasado, le diría tantas cosas que…
Cuando desperté de ese largo letargo, me di cuenta que todo aquello había sido un sueño y que María era producto de mi imaginación, de mis deseos de volar y escapar de esa monotonía que llegaba hasta herir mi sensibilidad. Clara no había enfermado, era mi ansia de conocer nuevos horizontes lo que me hizo pensar que todo era posible. Fue entonces cuando descubrí que la mejor manera de evadir mi realidad era a través de mis libros, ellos eran los únicos que me comprendían. Ahora en mis años como maestra puedo afirmar que la mejor manera de crear mundos paralelos o de viajar en el tiempo es a través de la lectura. Puede que María nunca existiera o quizá fuera yo misma, ¿quién sabe?

Para viajar en el tiempo o en el espacio solo hace falta leer, pues la lectura es como una huella a través de la cual podemos acercarnos al pasado, comprender el presente y viajar al futuro. Todo aquel que no lee se conforma con un mundo plano que no admite otra realidad que no sea vista y sentida a través de los ojos; quizá los ojos de nuestra imaginación nos permitan llegar más lejos, allá donde viven los sueños, allá donde la realidad y la ficción no distan, allá donde… (tu imaginación te permita llegar).

miércoles, 6 de abril de 2016

The Teacher's Teacher

Una amplia sonrisa asomaba a mi semblante y se pronunciaba todavía más cada vez que recordaba la aventura que me esperaba: todo el espacio y el tiempo por recorrer, mil universos por descubrir.
Y, en todas las andaduras, siempre un elemento común, el aliciente principal: el Doctor. Y es que uno no se adentra en un museo que desconoce sin un guía. La experiencia es siempre mejor con un "Cicerone" que aporte luz donde la mirada inexperta solo halla oscuridad.
- Clara, Clara... - Dijo con una traviesa sonrisa mientras yo entraba a la Tardis. Alargó la pausa para disfrutar la anticipación al resto de lo que ambos sabíamos que iba a decir, lo que siempre dice y a mí me gusta tanto oír.- ¿Dónde vamos?

Mi sonrisa ya no podía ser más grande. El Doctor tomó los mandos de la Tardis y tocó decenas de variopintos artilugios -siempre he sospechado que hasta él ignora qué es lo que hacen- y en un instante estábamos en la actualidad y al siguiente en un destino incógnito y remoto.
- Creo que te gustará lo que vas a ver, Clara. ¿Sabes...? Te he llevado al espacio, hemos estado en un submarino de la Unión Soviética, vimos los Anillos de Akhaten... Y sin embargo nunca te he enseñado cómo será tu oficio en el futuro.

El Doctor abrió la puerta y una blanca e imponente luz inundó la estancia de la consola principal de la Tardis.
- ¡Bienvenida a Coal Hill, año 2063!

Quedé completamente pasmada al ver mi lugar habitual de trabajo unas décadas en el futuro: era el mismo edificio pero distinto. Me resultaba asombroso cómo en tan pocos años podía avanzar todo tanto: todo había cambiado pero todo estaba igual. Y entre todos los cambios encontré algo que siempre había estado allí: la entrada principal con el mismo cartel de siempre. Al ver ese detalle me sentí como en casa a pesar de estar muchos años en el futuro: por muchos cambios que se produzcan siempre debe haber un respeto por la esencia para que no se pierda el valor original.

Al acceder al interior fuimos testigos de las más diversas maravillas: en una clase, los alumnos llevaban cascos, parecidos a las gafas de realidad virtual, y aprendían Historia como testigos presenciales del acontecimiento histórico. En otra, los chicos diseñaban artilugios de alta tecnología mediante un sistema de proyección que mostraba el prototipo en 3D y en tiempo real, suspendido en el aire frente a sus diseñadores. Incluso vimos cómo todos los estudiantes de todas las edades contaban con una especie de carpeta electrónica con acceso a una red de conocimiento global a través de la cual podían descargar paquetes de conocimiento directamente a un dispositivo que llevaban alrededor de su cabeza. Pero, ante todo, siempre encontramos en cada clase, fuera cual fuese la materia, dejando al margen los sorprendentes avances tecnológicos, un elemento recurrente y muy familiar: un profesor.
- Gracias por haberme traído aquí, Doctor. Me ha servido para confirmar algo que siempre he sospechado... - dije al Doctor- y es que pase el tiempo que pase, por mucho que transcurran los eones y mejore la tecnología, siempre necesitaremos maestros que nos guíen por los senderos desconocidos.

Mis ojos se anegaron de lágrimas mientras el Doctor comprendía lo que le acababa de decir. Contuvo la emoción y nuestras miradas se cruzaron reconociendo, cada uno en el otro, a su maestro de la vida. Sin necesidad de decir nada, caminamos de vuelta a la Tardis, mientras nuestras sonrisas se ampliaron hasta el infinito.

martes, 5 de abril de 2016

Aprendiendo en el 2030


¡Hola a todos! Soy Leire y es la hora de grabar mi diario en la grabadora de voz. Me encanta contar todo lo que hago cada día para poder enseñarlo en el futuro y ver cómo evolucionamos. A mí me encanta ir al cole porque aprendemos muchas cosas y conocemos sitios mágicos. Pues bien, ¡comencemos!

Sesión 30. Hoy hemos estudiado una Comunidad nueva. Le tocaba a Eric elegir en el mapa de España. La seño ha abierto la pantalla, ha puesto el mapa y Eric con su dedo mágico ha tocado… ¡Andalucía! Inmediatamente, la clase se ha transformado: se han cambiado las paredes, mesas y sillas por un entorno virtual muy real, era como si de verdad estuviéramos en las montañas. Primero, hemos visto el río Guadalquivir, que desemboca en el Océano Atlántico y, además, hemos visto que tiene muchísimos afluentes. Después, la seño quería enseñarnos algunos lugares característicos de Andalucía y la clase se ha transformado en Sierra Nevada. ¡Ha sido maravilloso! Yo nunca había visto la nieve. Y, finalmente, hemos realizado una visita virtual a la Catedral de Sevilla, me ha gustado mucho porque hemos recorrido su interior mientras la seño nos explicaba las cosas más importantes. Ha sido muy divertido que nuestra clase se convierta en todos estos sitios. Otro día, la seño nos ha dicho que conoceremos las diferentes provincias de esta Comunidad.

Pero aquí no se ha terminado la diversión. En Lengua y literatura, la seño ha elegido un libro y hemos jugado con el texto, ¡ha sido una experiencia increíble! ¡Yo nunca había estado dentro de un libro jugando con las palabras! Hemos aprendido a diferenciar entre oración, párrafo y texto. La seño nos ha dividido en equipos y a mí me ha tocado con Izan, Emma y Dylan. Cada equipo éramos una oración y nos íbamos juntando con otras oraciones para formar párrafos. Y, por último, nos hemos juntado todas las oraciones y éramos un texto. Como los textos esos de los cuentos que leo en casa.


La seño ha dicho que mañana que vamos a hacer unas olimpiadas en las que vamos a aprender Ciencias Sociales y Matemáticas al mismo tiempo que hacemos Educación Física. ¡Qué ganas tengo de que sea mañana ya y aprender mucho más!

lunes, 4 de abril de 2016

La argumentación a partir de los cuentos infantiles



Una de las cosas que más me gusta hacer como maestra de infantil es leer cuentos, por ello he seleccionado una investigación de Javier González García (2007)
Este artículo  forma parte de una línea de investigación sobre la construcción conjunta del conocimiento donde  se centran  en la observación de las estrategias de argumentación a partir de la lectura de tres cuentos, maestras y alumnos, en dos escuelas públicas de la capital de Burgos (España). La observación de tres trimestres, se contrasta con entrevistas a las maestras.
Los resultados apuntan a que los niños de cinco a seis años son capaces de emitir valoraciones justificadas, tanto a la maestra como a sus compañeros. El estilo constructivista de una de las docentes parece beneficiar la aparición de acuerdos y desacuerdos justificados. Contrariamente a lo esperado, es en la docente menos experta donde aparece un mayor uso de la confrontación. Este mismo estudio se está replicando en otros centros escolares de México.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Microcuento de la pequeña jacobina

Tenemos un pasado muy imperfecto, que patéticamente se ha pronunciado en pretérito absoluto pero escuchado con lengua perifrástica.

Y del presente, qué decir de los verbos presentes. Nada tienen que ver con los futuros que se soñaron o que simplemente se prefirió cubrirlos de rojo.

Mi niña roja, de nombre francés y apellido revolucionario. La vida es así, cada día se pinta más de color de rosa, y ya sabes que el rojo y el rosa nunca casaron bien.

Por muchas conjunciones que trates de crear, el tiempo, la vida, las personas, el rosa, se encargarán de bombardearlas con el armamento del futuro, que nada quiere atar ni ligar.

Mi niña roja, mientras lees esto es posible que nadie sufra de Stendhal, que todo se haya teñido de rojo, que la vida sea más rosa que nunca.

La escuela ideal de Marina...


Un bonito día de primavera, Marina, se levantó regocijante y muy alegre. De hecho, incluso antes de que la despertara su padre para ir a la escuela. Corrió a buscarlo por toda la casa hasta que lo encontró en la cocina preparando el delicioso desayuno de todos los días.
- ¡Papá, papá!
- ¿Qué pasa, Marina?
- ¡He tenido un sueño muy bonito y divertido!
- Ah, ¿Sí? ¿Quieres contármelo mientras desayunamos?
- ¡Sí! Resulta, que en mi sueño los niños iban a la escuela en naves, iban volando por el espacio sin necesidad de caminar. ¡Parecía muy divertido, papá! Y en el colegio, las profesoras y los profesores no mandaban tareas.
- ¿No tenían deberes los niños y las niñas?
-No, papá. Los deberes se hacían en la escuela. ¡Y no veas lo divertido que era! Los niños flotaban como en una nube mientras hacían las tareas de clase o leían un libro. ¡Había una gran biblioteca de libros! Y eran mágicos…
- ¿Mágicos? ¿Y por qué eran mágicos, Marina?
- Pues papá, porque en esa escuela podían viajar hacia otros lugares y visitar el cuento de Blancanieves, la Cenicienta… ¡Podían viajar y conocer a sus personajes favoritos!
- Qué bien, los libros son muy bonitos. Por eso, tal vez aquellos niños y niñas leían mucho.
- ¡Sí! ¿Y sabes otra cosa, papá?
- ¿Qué? ¿Todavía hay más?
- Claro, papá. En aquella escuela, los niños y niñas eran amigos unos de otros y si peleaban en algún momento, la maestra no les castigaba ni se enfadaba, hacía un juego en el que debían de decir cosas positivas y bonitas del otro compañero o compañera. Luego se debían dar un beso.
- Vaya, qué juego tan interesante, Marina.
- Sí, ojalá que cuando me haga más grande las escuelas sean como ésta porque allí, en el espacio, aprendían jugando, aprendían soñando.
Y aquel día, Marina, contó a todos sus amigos el fantástico sueño que había tenido, un sueño que esperaba que en un futuro no muy lejano se hiciera realidad… ¡Quién sabe!