Así comenzaba el primer texto que recuerdo haber leído: Los Zapaticos de rosa. Aún hoy, al pasar la vista por sus páginas, lo escucho en mi cabeza con la entonación que siempre le daba mi madre al leérmelo. Creo que, más que aprender a leer, memoricé ese poema de José Martí y lo relacioné con "esas cosas llamadas palabras" que aparecían impresas.
Tras este libro, vinieron muchos más. En segundo de Primaria, di con una profesora que amaba la literatura por encima de todo, y que nos ofreció una nutrida biblioteca de aula. En Semana Santa, gané un premio por "Los cien libros leídos durante el curso": una recopilación de cuentos. A partir de ahí, simplemente, continué.
No puedo dejar de mencionar las primeras colecciones que completé, a muy corta edad; tres colecciones de Enid Blyton: Los cinco, Torres de Malory y Las mellizas O'Sullivan. Posiblemente se trate de historias ya obsoletas, pero su magia está, precisamente, en que da igual en qué época las leas: posiblemente, te gusten. Son libros que leyeron mis padres, que llegaron a mí y que continúan reeditándose. A pesar de sus ideas, tal vez algo fuera de lugar para nuestra época y nuestra perspectiva social, los jóvenes lectores continúan viendo algo en estas historias.
También, durante la carrera, surgió una maratón lectora interesante sobre LIJ, como podéis apreciar en mi viejo blog. Aunque he leído de todo, excepto novela negra y ciencia ficción, creo que siempre me he visto inevitablemente arrastrada al género fantástico y, actualmente, a la obra de Haruki Murakami. También he caído en sagas de masas como Los Juegos del Hambre, Crepúsculo o Harry Potter, pero no considero que sean libros que me hayan marcado como lectora.
En cuanto al ámbito audiovisual, probablemente mi bagaje cultural sea más reducido. De niña, seguí muchísimas series de animación, tanto americanas (Gárgolas, ¿Dónde está Carmen Sandiego?, Scooby Doo, Ghostbusters...) como japonesas -anime- (Yu-Gi-Oh!, Oliver y Benji, Sailor Moon, Heidi, Slayers, Dragon Ball, Pokémon...). Al crecer (un poquito), di una oportunidad a algunas series "adolescentes", como Sabrina: cosas de brujas, Al salir de clase o Punky Brewster, aunque nunca llamaron mucho mi atención.
Actualmente, dispongo de poco tiempo para ver series, aunque alguna ha caído: Lost, Breaking Bad, Game of Thrones, Agents of Shield... así que veo películas a ratos perdidos. Me declaro una fanática de las factorías Disney y Ghibli, que me han acompañado toda mi infancia, y de las películas basadas en los cómics de Marvel y DC. Disfruto con los musicales del estilo de Sonrisas y Lágrimas, Grease o Los chicos del coro y lo único que no consigo soportar (en la mayoría de los casos) son los filmes basados en libros. Opino que, en general, son un destrozo literario.
Esto me lleva a otro punto: aunque siempre me han gustado los cómics, solía leer manga o colecciones del estilo de Astérix y Obélix, Los Pitufos, Mortadelo y Filemón (a Francisco Ibáñez, en general), Zipi y Zape... Sin embargo, gracias a las películas, ahora siento un mayor interés en la lectura de cómics de superhéroes.
Para cerrar la autobiografía audiovisual (y esta entrada de blog), me referiré a una de mis mayores aficiones: los videojuegos. Considero que son un soporte que también ha de incluirse en esta cuestión, puesto que son capaces de contarnos historias, al igual que los cómics y las novelas. Aunque he jugado a diversos géneros, los que más me gustan son las aventuras gráficas, los juegos de acción y los RPG (Role-playing game) debido a que, en ellos, la historia tiene una mayor importancia.













