Buscando entre mis recuerdos, como canta Luz Casal, y para introducir
mi autobiografía lectora, los libros han sido una pesadilla al comienzo de este
hábito. La profesora Virtudes de Educación Primaria, nos obligaba a leer en voz alta, delante de
toda la clase, para ridiculizarnos si cometíamos algún fallo. Este hecho marcó
mi vida, cada vez que leía temblaba mi cuerpo al creer que iba a ser juzgada.
El baile me enseñó un camino distinto de lecturas. Mediante
la música y la expresión corporal aprendí a interpretar las letras de las
canciones, letrillas que después leía en silencio para retenerlas en mi
memoria. No importaba la opinión de otros, era lo que mi alma con esas letras
comunicaba, canciones como Corazón partío
de Alejandro Sanz, Desesperada de Marta Sánchez o incluso
la Macarena de Los del Río. Pero esto
no fue suficiente, tenía que leer más.
Recuerdo aquella colección de libros con sus cintas para casete
y vídeo que mi madre compró, al fin de evitar mi problema con la lectura. Todas esas historias eran la versión barata
de clásicos como El Rey león, La oca de oro o El pirata Barba Azul, cuando leía sus historias sentía un sinfín de
emociones. Casi todos los días, mi madre me decía que leyese, así que primero
comenzaba leyendo en silencio, luego ponía el audio, después alzaba la voz
hasta llegar a interpretar las mismas entonaciones que el narrador. Con esta técnica mejoré mi fluidez lectora,
además de la fobia ocasionada por esa horrible maestra.
Al final de esta etapa primaria me aficione a la lectura de
revistas como Vale o Super Pop, en las cuales publicaban
cartas de adolescentes con problemas similares a los mios. Como nunca me atreví
a escribir a la revista, hice mi propio diario, en él explicaba el día a día,
como forma de expresión personal.
A mis 14 años
apareció la profesora Ana, aún conservo preciosos recuerdos de ella. Ana nos
enseñaba a conectar con los libros,
leíamos aventuras para todos los gustos, siempre adaptado a las preferencias de
cada alumno; a las chicas nos encantaba libros como Las brujan no besan, Pantalones
vaqueros o Un pie que hablaba inglés.
También interpretábamos cada texto leído, Ana nos preguntaba: ¿qué dice el
escritor en esta parte?, no importaba si las respuestas eran disparatadas, todo
estaba bien, era nuestra concepción, la interpretación de esas letras. Por último Ana, nos ayudó a entender la literatura de la mano de Bécquer, con sus preciosas rimas, y apasionantes leyendas.
Después he tenido suerte, mi prima o como yo la llamo,
hermana mayor, me ha guiado en este mundo encantado. Ambas enamoradas de las
letras, nos intercambiamos obras y debatimos sobre la diferente interpretación de la historia; nos gusta el misterio y los finales abiertos,
detestamos los libros electrónicos, y nos encantaría que comercializarán el
olor a libro nuevo con ideas preconcebidas con solo una lectura del resumen. Mi
querido Ruiz Zafón, me hace olvidar el mundo para entrar en “el cementerio de
los libros olvidados”, destacaría El Juego del Ángel como libro favorito (Carlos Ruiz Zafón página oficial).
Mencionar que en una etapa de mi vida, en la
que me planteaba muchos interrogantes y no encontraba el sentido de la vida,
decidí leer libros basados en la autoayuda, lecturas que fueron erróneas y no
ayudaron a canalizar mis emociones, un ejemplo: Muchos libros, muchos maestros.
Para concluir, decir que sí ha cambiado la forma de leer, el avance tecnológico hace más fácil el camino del hábito lector; los libros son lecturas, pero también la expresión de ideas que nacen del alma transimitidas en redes sociales, canciones, imágenes o con la simple comunicación no verbal, estas son las lecturas que hacemos nosotros mismos en otros, por eso no nos vamos a callar, vamos a comunicar como mejor sabemos, desde el corazón.




