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lunes, 27 de junio de 2016

Un inicio dificil de marcar

Hablar de la influencia de la literatura en la personalidad de uno mismo hoy en día es plantearse un reto difícil, y creo que hasta se podría considerar una realidad utópica. Antes de que salten las alarmas por esta afirmación, intentaré explicar en qué me baso para hacerla. Por un lado considero que la literatura que puede influir en la personalidad de una persona va más allá de modas o pasatiempos de verano, que hoy por hoy son el terreno literario más habitado. Sí, yo también lo he consumido y consumo, y he disfrutado al hacerlo en muchas ocasiones, pero considero que esa literatura es difícil que cale hasta el punto de poder afirmar que condiciona o perfila tu personalidad.
Por otro lado, la influencia predominante hoy día de múltiples estímulos a nuestro alrededor, más dinámicos y absorbentes quizás, es también un punto en contra de la literatura y a favor de éstos a la hora de resultar más influyentes en el modelado de la personalidad y los hábitos de las personas.
Aunque yo me inicie en la lectura antes de que muchos de estos factores influyentes existieran, o estuvieran tan en auge (nací en los ochenta), tampoco sé si realmente alguna de las obras que he leído a lo largo de mi vida puedo afirmar que ha llegado a influir en mi personalidad o a condicionarla. Quizás entendiendo por esta modelización la adquisición del hábito lector sí que hubo una lectura, posterior a la etapa Primaria que recuerdo que me introdujo el gusto por la lectura y la curiosidad por seguir leyendo y descubriendo personajes e historias. Se llamaba “La voz de la madrugada”, y era una lectura de las que te encargaban como requisito de la asignatura de Lengua. Recuerdo perfectamente que, ya pasado el trámite evaluativo, la releí un par de ocasiones aquel verano posterior, y me llevo además a adquirir más libros de ese estilo de manera voluntaria en una librería donde me compraba los de texto cada curso.


No sé, repito, si se puede considerar que modelara mi personalidad, pero sí que influyó de manera significativa en mi hábito lector, el cual mantengo hasta el día de hoy.

domingo, 6 de marzo de 2016

Mi itinerario lector

Como muchos compañeros y compañeras han mencionado, mis inicios en la Literatura se definieron en el dormitorio. A modo de historias inventadas por parte de mi madre, cintas con audiocuentos o álbumes ilustrados heredados de mis hermanos mayores, cuando dejaba la calle y caía en la cama, mi principal medio de entretenimiento eran las historias fantásticas. En esta primera etapa, podría mencionar a TEO, la Biblioteca de los Jóvenes Castores, los coleccionables Don Miki; algunos años después, los cómics de Dragon Ball y Mortadelo y Filemón. Con la regulación de lecturas por trimestre en el colegio, las lecturas fueron algo más condicionadas, sin embargo, pude descubrir títulos como Memorias de una gallina, Manolito Gafotas, Fray Perico y su borrico, Charlie y la fábrica de chocolate, Danko, el caballo que conocía las estrellas, El principito, Nou diari del jove maniàtic, Meriem y la ruta fantástica, Cuentos para todo el año, La bici Cleta, ¡Viva la Pepa!, Matilda, Moguda a la biblioteca... entre otros.
Las lecturas que ampliaban el repertorio del colegio, normalmente eran continuaciones de primeras partes que leíamos en clase, por ejemplo, la colección de Manolito Gafotas, alguna d elas aventuras de Fray Perico, Las aventuras de Picofino y El gran amor de una gallina, En el país de Meriem y Los mil y un cuentos de Meriem. Y llegó Harry Potter.
Simplemente me absorbió. A lo mejor por el fenómeno que lo rodeaba o porque era de las primeras lecturas que compartía en profundidad con algunos amigos y amigas. El caso es que desde entonces forma parte de mi biblioteca e influencias directas.
Y entramos en el instituto, y llegaron Marina, Cartas de invierno, Miguel Strogoff, Las aventuras de Saíd, L'enigma del medalló, Cartes d'hivern, Cartes d'amor i de mort, El perro de los Baskerville, Dr. Jekyll y Mr. Hyde, Rondalles valencianes, El Quijote, Tirant Lo Blanc... pero destaca entre todos Momo, la novela que me quebró el cerebro y sacó del ingenuo. El tiempo como tabaco que consume el mundo, brillante Ende, como en La historia interminable.
Y para dar punto final a la etapa del instituto, obras de experiencias reales y contextos desgarradores, como Llibre de Meravelles
Y, ¿qué pasa ahora?, ¿Cuáles son mis hábitos de consumo? Pues, aunque se me tache de inmaduro o de crío, el álbum ilustrado. No solo como herramienta de trabajo, el libro-álbum es una influencia directa de mi hermana y un universo que me remueve y apasiona. Snowhite, La mujer que cocinaba palabras, ¡Ay!, Mermelada de fresa, De puntillas, Casa vacía, la colección de Ernesto y Celestina, Jaime de cristal, El hombre niebla, En Patufet, ¡Voy a comedte!, El nen gris, Juul, Leos, Calma, Monstruo rosa, Casi... y las extraordinarias obras de arte Hilo sin fin, Ferdinando, Mar de sábanas, Titiritesa o El punto. Y, de vez en cuando, se cuela algún título de LIJ como el espectacular Luces en el canal, Calvina o Mi vecino de abajo.
Y en fin, a grandes rasgos, esos son los nombres que recuerdo desde mi infancia y hasta el día de hoy. Probablemente me haya dejado muchos colgados, pero me gusta pensar que todos han aportado algo en esto de instruirme como individuo. En definitiva, quería reflejar la importancia de los textos en mi trayectoria, un bagaje todavía insuficiente y que proyecto aumentar con los «grandes clásicos», escritos pendientes y nuevos relatos que puedan engatusarme en esto de leer.

En cuento a mi trayectoria audiovisual, podría listar otra cantidad de películas y series que sigo con adicción o he terminado, toda la filmografía de Disney al completo, Pixar o Studio Ghibli, historias de Almodóvar o Tarantino... Sin embargo, esta vez seré algo más concreto. He realizado una pequeña infografía de algunas de las series o películas que me han marcado en mi infancia y juventud. No he especificado título, pero invito a todo lunático curioso a que eche un vistazo para ver si reconoce alguno y se siente identificado.
¡Un abrazo!

 

jueves, 3 de marzo de 2016

Mis inicios

Mi inicio en el mundo de la literatura transcurría en mi cama antes de dormir, desde muy pequeña era mi padre el que se encargaba cada noche de idear un cuento distinto. Sin cuentos físicos, lograba que imaginase escenarios, sensaciones, personajes…
Me contaba historias surgidas de la nada, en la que la mayoría de veces yo era la protagonista. Entre la luz tenue de la mesita de noche, y las sábanas suaves y esponjosas, prácticamente nunca lograba permanecer despierta hasta el final de la historia. Aún me sorprende cómo cada noche era capaz de contarme una historia completamente diferente a la de la noche anterior.
En la etapa de Primaria leía muchos libros, en la biblioteca del centro había un “ranking” de las clases que más libros leían…y siempre nos esforzábamos por tener más puntos verdes que los demás. Me encantaban las historias de Jordi Raül Verdú, inspiradas en la comarca en la que vivo. Entre los libros que recuerdo de la época de Primaria destacan “Don Caracol Detective- de José Francisco Viso”; “Marcelo Crecepelos- de Fernando Almena”;  “Per un plat de macarrons- de Mercè Canela”; “Eduard Cansalada- de Jonh Saxby” y “Pablo Diablo y los piojos- De Francesca Simon”.

En la ESO, han sido muchos los libros que he leído, pero no tantos los que llamasen mi atención plenamente. La lectura se convirtió en una acción obligatoria para poder aprobar el examen de una asignatura, más que por el gusto y apetito de leer. De hecho considero que los libros de esos años, han sido los más aburridos que he leído nunca. Tan sólo dos me llamaron la atención, los cuales he releído hace unos meses “Los renglones torcidos de Dios- de Torcuato Luca de Tena” y “La casa de Bernarda Alba- de Federico García Lorca”.



Me gustan los libros que te enganchan desde el primer capítulo, que sin darte cuenta te atrapan durante horas porque quieres conocer el final, también las historias reales. Mi trayectoria lectora en los últimos años se completa hasta hoy con obras como: “El diario de Anna Frank”; “La chica del tren- de Paula Hawkins”; “El mundo amarillo- de Albert Espinosa”; “La luz que no puedes ver- de Anthony Doerr”; “Las guardianas nazis- de Mónica G. Álvarez”; “La estrella más brillante- de Marian Keyes”; “Brújulas que buscan sonrisas perdidas- de Albert Espinosa”; “Maldito Karma- David Safier”; “Come, reza, ama- de Elizabeth Gilbert” entre otros.

No dedico todo el tiempo que quisiera a sentarme a disfrutar de un buen libro, sin duda es la mejor manera de evadirse por un momento de la rutina, los problemas, los quehaceres…

Durante un periodo de mi adolescencia tuve rechazo a leer, como he comentado anteriormente por el sentido de obligación más que por un deseo o placer. Pero supe elegir y leer lo que me apetecía, sin duda la mejor solución.

martes, 1 de marzo de 2016

Despertar y reencuentro



Tengo que reconocer que la literatura siempre ha sido una fiel compañera para mí a lo largo de las diferentes etapas de mi vida.
Desde que tengo recuerdos, siempre me he sentido atraída hacia la lectura. No puedo evitar pensar en mi “yo-niña” y verme con un libro en las manos.

Si pienso en mis primeras lecturas, me viene a la mente una maravillosa colección de los clásicos Disney adaptados para niños, un libro de recopilación de fábulas con una historia para cada día del año, y unos libros-cómic con las aventuras de Mickey Mouse y sus amigos. 


Según fui creciendo, me convertí en fan incondicional de las aventuras de Mortadelo y Filemón, de las colecciones del Barco de Vapor y de las Aventuras de los cinco. Pero no le cerraba las puertas a ningún libro que caía en mis manos.

Y no solo libros físicos… con la llegada de “esa cosa llamada Internet”, mi tía comenzó a traerme del trabajo hojas impresas que recogían poesía, cuentos populares, juegos de rimas, etc. Me acuerdo especialmente de las poesías de Gloria Fuertes, y de las conversaciones que teníamos para ver qué sería lo próximo que traería, las próximas “lecturas de Internet”.

Para hablar de mis influencias literarias juveniles, no puedo pasar por alto el cine. La gran pantalla me presentó a uno de los personajes con el que he ido creciendo año tras año, Harry Potter. Vi la primera película y a partir de ahí quedé enganchada a todos sus libros. 

Y es a partir de esta etapa en la que recuerdo ser consciente de que cada libro hacía que me metiera totalmente en la historia, que viviera lo que sucedía como un personaje más y me sintiera parte de la aventura. Dejé de leer libros y comencé a vivirlos.

Así fue como me convertí en una poderosa maga y en un unicornio en medio de un curioso triángulo amoroso, con Laura Gallego; como vi a través de los ojos de un águila y un jaguar, con Isabel Allende;  o como recorrí a lomos de uno de los elefantes sostenidos por Gran A'Tuin, con Terry Pratchett.

 
Aunque me considero especialmente atraída hacia la literatura fantástica, he procurado leer “un poco de todo”, por interés y por curiosidad. Eso hizo más fácil las lecturas obligatorias en el instituto, tan odiadas por tantos compañeros. No todas las disfruté de igual manera, pero de todas aprendí algo.

Desde entonces, he ido leyendo sobre diversas temáticas y géneros, se podría decir que por temporadas, según me iban llamando la atención: poesía, novela histórica, cuentos, novelas en inglés, etc. Libros que me han marcado de alguna manera, en esta etapa, son la trilogía de Noah Gordon (El médico, Chamán y La doctora Cole), El principito de Antoine de Saint-Exupéry, Rimas y Leyendas de Bécquer o To kill a mockingbird de Harper Lee. Actualmente estoy enganchadísima a la saga Los hijos de la Tierra de Jean M. Auel.

Y no quiero terminar sin destacar mi reencuentro con la literatura infantil y descubrimiento del álbum ilustrado, durante la carrera, que supuso para mí un nuevo despertar literario. Desde ese momento, Frederick, Max y sus monstruos, y Nadarín, entre muchos otros, siempre han sido capaces de sacarme una gran sonrisa y emocionarme. 

 


lunes, 29 de febrero de 2016

La literatura de mi vida


Hola a tod@s!!!  Hoy voy a hablaros sobre mi autobiografía literaria, la cual incluye una gran variedad de libros.

Desde pequeña he tenido la suerte de estar  en contacto con la literatura ya que en mi casa hay una biblioteca formada por cientos de libros, los cuales se han recopilado gracias a diversas generaciones familiares.

Empecé a interesarme por la literatura fantástica gracias al boom de Harry Potter.  También me encantó leer una trilogía española “Memorias de Idhún” de Laura Gallego. Son libros que forman parte de mi adolescencia y me parecen geniales.


Los libros de alerta roja formaron parte de mis intereses cuando era adolescente, algunos de los que más me gustaron fueron  campos de fresas y barrotes de bambú.

A medida que han pasado los años, he ido leyendo más y más variedades. La novela negra  es una de mis aficiones actualmente. Aunque también leo cualquier libro que me encuentro por mi casa. El último se llama “Sin una palabra”.

Dos libros muy recomendables son el diario de Ana Frank  y la violinista de París.


Un mundo al que no había prestado mucha atención hasta comenzar la carrera fueron los cuentos. No sabía qué fascinantes me podían llegar a parecer y la cantidad de valores que transmiten.

 Tengo que decir que tengo muchos cuentos favoritos, pero uno especial y que comparto con vosotros/as.

¡Espero que os guste!




miércoles, 24 de febrero de 2016

La lectura como viajes de aventuras infinitos

     La lectura como viajes de aventuras infinitos

      Desde niña he sido una persona muy curiosa y, como tal, me encantaba ver esos objetos llenos de letras y, sobre todo, dibujos que no entendía por mi corta edad. Cuando empecé a leer, mi habitación se convirtió en una mini biblioteca llena de libros donde predominaban los dibujos. Con el paso de los años, esos dibujos dejaban paso a páginas y páginas cada vez con más letras y cuentos llenos de fantasía y aventuras. He de reconocer que un rasgo de mi personalidad es que soy muy Disney y, por tanto, estos cuentos siguen estando en esa habitación que ocupaba de pequeña. Aun con mi corta edad me gustaba leer mucho, quizás por la curiosidad de saber qué pasaba en esos pequeños textos llenos de príncipes, princesas y cualquier personaje fantástico protagonista de esas maravillosas historias. Un libro que marcó mi infancia era las aventuras de TEO, el protagonista de nuestra biblioteca de aula en la que cada viernes cambiamos un libro por otro para leerlo durante el fin de semana. 
      Así, llegué a la etapa en la que los libros que empezaba a tener en mi pequeña biblioteca no eran porque yo los quisiera, sino porque me los imponían en el instituto. Libros como Don Quijote de la Mancha, El Lazarillo de Tormes y La Celestina. Ahora agradezco que me obligaran a leer este tipo de libros, que en su momento se me hacían un mundo por su complicado vocabulario, pero que son obras importantes en nuestra literatura y que me han aportado ampliar mi abanico de ejemplares de mi biblioteca personal.
  

     Todos estos libros que he leído una, dos o incluso más de tres, cuatro y cinco veces me despertaban un sentimiento de transportarme a cada una de esas lecturas, en las que yo me imaginaba que era la protagonista y en la que yo era la que vivía mil y una aventuras. Cierto es que algún libro me he dejado sin terminar porque esa historia en la que yo me imaginaba como la personaje principal no me acababa de gustar. Cada lectura realizada por obligación o por gusto me ha aportado experiencias diferentes y diversas formas de entretenimiento, ya que me encantaba leer libros de adivinanzas y jugar con mi hermano a ver si las adivinanzas o el libro de Gloria Fuertes de poesías a las cuales poníamos ritmos con las manos y los pies y transformábamos en raps.
     
     En la actualidad, me encanta leer pero he de decir que cualquier libro no me gusta, todavía continuo con esos libros de aventuras fantásticas, aunque de vez en cuando leo otro tipo de literatura como la saga “Crepúsculo” o “50 sombras de grey”. El último libro que he empezado a leer esta navidad, pero que calculo que hasta verano no continuaré es el libro “Palmeras en la nieve”. Aprovecho las vacaciones de verano para leer sin parar, puesto que el resto del año ando bastante ocupada y no tengo tiempo para evadirme en esas bellas historias.

"Una herencia segura es una sólida cultura..."

Así es como mis padres (adoptando una frase del mítico Petete y cambiándola a su versión) una y otra vez insistían en la necesidad de que a través de la lectura podía hacerme una persona mejor preparada para la vida que que me esperaba.

El inicio a la lectura se fraguó con libros en valenciano, algo paradójico siendo mis padres castellano parlantes. Pero ante la necesidad que ellos veían por aquel entonces de que su hijo leyese en valenciano para mejorar el aprendizaje de esta lengua, comenzaron dándome (asesorados por mi tutor de la escuela) libros del autor Joan Pla, de los que recuerdo especialmente L'ordenador màgic (Actualmente podría ser el smartphone mágico o la supertablet) y Grafitis. Estos libros, más allá de recordarlos por un significado de índole literaria, los recuerdo como un primer paso a la cultura en la que comenzaba a sumergirme.




No sé si os habrá pasado al resto de compañeros de este blog, pero secundaria para mi fue una etapa un poco complicada en la que la afición a leer se sustituye por otros intereses; quizás sea debido a la falta de motivación hacia a la lectura producida por una poca implicación de los profesores que tuve, o simplemente porque el auge de las video consolas como la nintendo 64 o playstation que hacían que mi afición a la lectura se fuese diluyendo. Sin embargo recuerdo dos libros con especial cariño, los cuales cada uno de ellos me aportó algo completamente distinto: Finis Mundi, un excepcional libro bajo mi criterio, que combina en una trama de suspense aventuras, drama, historia, acción y ciencia ficción que me sacó el lado más freak y suspicaz que hasta el día de hoy sigo conservando y al mismo tiempo sirvió para darme cuenta de que la lectura no había salido de mi vida y que si había leído un libro de tal calibre era posible encontrar libros similares que pudiesen atraparme y sacarme de este mundo por ratos para adentrarme mediante la lectura en otros cuya trama era fascinante y la par trepidante. Por otro lado mencionar El Quijote, ¿quién no se lo ha leído? y si ha sido así, ¿Quién no se ha echado unas carcajadas solo en su habitación viendo las burradas que hacía? ¿O quién no ha sentido una mezcla de sentimientos con el final? A parte de lo que todos sabemos de esta novela, considero que El Quijote también guarda una serie de valores que yo en mi vida actual suelo aplicarlas, como puede ser la lealtad al prójimo del pobre Sancho Panza, o la negativa de no dejar de luchar por tus sueños por muy complicados e inverosímiles que parezcan, como hacía el propio protagonista.



Ya en una etapa más madura de mi vida, la variedad de libros en cuanto a género y relevancia a nivel profesional y personal ha sido elevada, podría mencionar algunos como pueden ser La Catedral del Mar, El Alquimista, Sultana o Conversaciones conmigo mismo de Nelson Mandela (Esto lo hago haciendo una miradita rápida a la librería de mi salón viendo los que más me gustaron), pero es cierto y supongo que le pasará a muchos de mis compañeros, que actualmente disponemos de menor tiempo para leer novelas y la lectura que realizamos es para centrarnos en nuestro ámbito académico-profesional. Tras realizar esta entrada, uno se mira a sí mismo y hace autocrítica para tratar de sacar tiempo y proseguir navegando entre hojas de papel, tablets, ebooks u ordenadores en un mundo paralelo donde la imaginación no tiene límite.

Para concluir, os contaré una de mis grandes aficiones: El cómic. Además de Dragon Ball, Naruto o Detective Conan entre otros, desde hace más de 10 años hago una lectura "obligatoria" semanal sobre un cómic, que bajo mi humilde opinión considero como el mejor manga de la historia: One Piece. Esta lectura la comencé sobre cómic físico, y ahora por el tiempo que supone la edición y el dinero (si uno se puede ahorrar algún dinerito mejor que mejor) lo hago por internet, algo que denota el cambio que hemos vivido los últimos veinte años en cuanto al modo en que leemos. Entiendo que haya un sector que piense que realizar ese tipo de lecturas conlleva a ser freak o infantil, pero creedme, nada de eso. Esta historia tiene infinidad de valores que se pueden trasladar a la vida real: luchar por tus sueños, la camaradería entre iguales (algo que creo importante entre los docentes para el bien del alumnado), persistencia, trabajo...  y al mismo tiempo te hace volver atrás en el tiempo y sentirte niño de nuevo disfrutando de cosas tan sencillas como pueden ser los dibujos. Podría estar así otros 500 caracteres mostrando las cualidades que tienen este tipo de género literario pero creo que si hay una futura entrada, quizás será el momento idóneo para daros a conocer más aspectos sobre ello.

Como bien he dicho en el comienzo Una herencia segura es una sólida cultura, y viendo a todos nosotros como docentes (futuros o actuales), el mero hecho de leer, y cuando digo leer quiero decir cualquier tipo de género, nos aportará siempre algo nuevo que probablemente nos ayudará a crecer un poquito más si cabe (estoy seguro que sí), siendo la lectura la herramienta principal para seguir siendo competentes en esta profesión tan crucial en el desarrollo de toda sociedad
Intentando encontrar mi lugar en el mundo de la literatura.


Todavía recuerdo las noches de mi infancia, en las que antes de dormir mi madre o mi padre me leían cuentos, me contaban historias o me cantaban canciones. Era el mejor momento del día.
Eran muchísimos los cuentos que leíamos, aunque recuerdo con gran cariño dos de ellos, "Un príncipe algo rarito" y "¿Quién ha robado mi trono?". Eran mis cuentos preferidos, puede que lo fueran porque no había princesas en apuros ni príncipes azules maravillosos, ya que esas historias me aburrían un poco.




Fui creciendo, y en la etapa de Primaria descubrí a Jordi Raül Verdú y me ilusioné con su libro "Els fantasmas del Mas de Tetuan", una historia que transcurría en la Fuente Roja, esto  lo hacia cercano y familiar a mi, ya que era un lugar que visitaba con frecuencia. Me entusiasme y tuve interés en hacer una excursión para seguir el mismo camino que seguían los niños de la historia. Pero claro, cuando en el colegio nos obligaron a leer casi todos los libros de la colección de este autor y realizar fichas de lectura, lo acabe aborreciendo.




Me sentía perdida, no encontraba ese libro especial para mi que me enganchara a la lectura. Lo intenté con comics, libros que había en casa (que eran muchos) , libros con gran fama e interés entre mis amigos como Harry Potter, pero no, no encontraba mi lugar. Pero, ¿por qué a mis padres y a mi hermana les gustaba leer y a mi no? ¿Era un bicho raro?

En Bachiller me apunté a la asignatura de literatura universal con la intención de conocer más obras literarias y intentar encontrar algún libro que me resultara interesante. Y lo encontré. Me ilusioné, fantasee y disfruté leyendo obras clásicas como Edipo rey, Hamlet y La metamorfosis.

Empezaba a tener mi hueco dentro del mundo de la literatura. Y PAM! en la universidad con Ramón conocí cantidad de cuentos y álbumes ilustrados que me fascinaron. Algunos de mis álbumes ilustrados preferidos son "La Ola" y "Sombras", ambos de Suzy Lee.




Y si, tengo 22 años pero me gustan los cuentos y álbumes ilustrados. Por eso estoy haciendo mi propia minibiblioteca de cuentos y álbumes ilustrados en mi casa. Coleccionando aquellos que más me interesan o llaman la atención por algún motivo. 


Y al fin puedo decir que encontré mi lugar. El secreto fue leer libros para saber cuales me gustaban y cuales no, hasta encontrarme con aquellos que despertaran en mi ganas de leer, soñar y conocer más sobre la historia.





martes, 23 de febrero de 2016

Un recuerdo feliz y un deseo por cumplir

Si me planteo la pregunta de ¿cómo soy?, puedo afirmar acertadamente que cada momento vivido ha influido en mi modo de ver y entender el mundo y de actuar de una manera determinada. Cuando hablo de todo lo vivido, también incluyo todas las historias y relatos escritos por otros que reflejan otra realidad ajena a la mía que tanto me han enseñado sobre cómo es la realidad fuera de aquella que yo percibo directamente o incluso aquella realidad distorsionada que me ha hecho viajar a mundos inexplicablemente divertidos.

Esta entrada he empezado titulándola "Un recuerdo feliz...", debido a que si pienso en cuál fué mi primer contacto con la literatura me viene a la mente el recuerdo de, cada noche, mi padre con un libro en la mano relatándome cuentos de Disney o incluso cualquier historia improvisada. Esa sensación de querer descubrir por mí misma qué ponía en los libros me la creó mi padre desde muy pequeña, hasta el punto de que con 4 añitos ya era capaz de leer o, al menos, de descodificar lo que en los libros estaba escrito. 

 
No recuerdo exactamente el número de libros que habré leído, pero, por ejemplo, durante la etapa de Primaria recuerdo con cariño las historias de aventuras de "Los Cinco" de Grid Blyton. La novela que sí merece una mención especial en mi trayectoria lectora es "La sombra del viento" de Carlos Ruiz Zafón, la cual me hizo sentir amor y temor en las calles de Barcelona, así como curiosidad por "El Cementerio de los Libros Olvidados", aumentando mi interés por la cantidad de información interesante que puede albergar una biblioteca. Para mi decepción, me recomendaron "El juego del ángel", posterior novela del autor, y sólo cabe decir que no logré finalizar la lectura. Cada página que leía me parecía una eternidad. 



Actualmente, suelo leer novelas originales en inglés, ya que prefiero aprovechar mi tiempo disfrutando con la lectura mientras aprendo una lengua tan solicitada como es el inglés actualmente. La última que he leído y que no tiene desperdicio, se titula "The memory keeper's daughter" de Kim Edwards, la cual te hace vivir una experiencia dramática en la que se encuentra implicada una bebé con Síndrome de Down y un padre cobarde que decide abandonarla por considerarla diferente. 

 

Además, está claro que la forma de leer ha cambiado, así como el soporte sobre el que solemos hacerlo, aunque ello no quiere decir que leamos menos que antes. Ya no leemos tanto sobre papel, sino sobre pantallas digitales y ello ha contribuído a que realicemos lecturas fraccionadas o incompletas debido a que satisfacemos nuestras necesidades inmediatas cambiando de un texto a otro según nuestros intereses.
 
¿Y qué decir de mi "cultura" audiovisual? Me encanta el cine y las series, sobretodo aquellas en las que los finales son inesperados e impensables, aunque no dispongo del tiempo suficiente como para disfrutar de ellas todo lo que me gustaría.

Para finalizar, me gustaría volver a incidir en el título de la entrada, ya que acaba con "... y un deseo por cumplir", sobre el cual he de añadir que uno de mis propósitos para el futuro es poder crear ese entusiasmo por la lectura en otros niños y niñas que aún no hayan descubierto el placer por aprender de otros mediante sus escritos y producciones. 

Pero papá, ¿tu por qué lees?

Lo primero que me viene a la cabeza, cuando pienso en mis inicios lectores, es la visión de mi padre constantemente leyendo. Supongo que gran parte de mi afición a la lectura se la debo a él. Si no recuerdo mal, constantemente le preguntaba qué estaba leyendo y porqué lo hacia. A esta cuestión, me respondía diciendo que leía porque le gustaba y aprendía de esos libros. No entendía muy bien porqué decía que eso, si yo de quien realmente aprendía era de la maestra y de los libros. 


Durante la infancia, por mucho que mi padre fuera un apasionado lector, ni el ni mi madre me leían cuentos antes de dormir. Además, por lo que me han comentado, yo tampoco se lo pedía. De este modo, los primeros contactos literarios tuve los inicié en la escuela, con los cuentos del aula en infantil, y los libros que nos hacían leer en primaria, para después realizar una ficha de lectura. 

Creo recordar que leer estos libros, en primaria, me gustaba, me parecía muy interesante, de hecho, realizar esas fichas de lectura. Pero cuando llegué a la ESO todo ese interés lo perdí. No entendía porqué me tenían que obligar a leer unos libros que no me gustaban y que no aportaban nada en mi. 



De esta etapa literaria, los libros que más me gustaros fueron los tratados en la asignatura de Valencià, como "Marina" o "Billet d'anada i tornada", los cuales hablan de realidades sociales, nocivas, como son el racismo y la bulimia, respectivamente. No debo olvidar mencionar las lecturas de "El parque prohibido" y "El príncipe de la niebla", las cuales me adentraron en un mundo de fantasía e incertidumbre. 


Realmente, mi afición a la lectura comenzó con los libros de la saga de Millennium. Estos libros me mostraron lo apasionante que era la lectura, podia estar horas y horas leyendo, que no me cansaba. 



Consiguieron cautivarme adentrándome en su realidad y desarrollando mi imaginación. En ese momento entendí porqué mucha gente me decía que no me aficionaría a la lectura hasta que no encontrara el libro adecuado. Reconozco que después de leer esta saga no he podido dejar de leer.

Con el paso del tiempo he entendido porque mi padre decía que aprendía con los libros. Ahora soy consciente de que todos los libros que he leído a lo largo de mi vida me han aportado algo, hasta los que no me gustaban, de todos he podido aprender. Me decanto por las novelas policiacas y de ficción, pero he de confesar que también soy una apasionada de los cuentos infantiles y álbumes ilustrados. 


Mis inicios en la lectura



 Aún me acuerdo como si fuese ayer cuando compaginaba la lectura de mi colección favorita de Los Siete de Enid Blyton con los distintos juegos infantiles. Aunque para ser franca conmigo misma, tendría que mencionar la etapa anterior a esta. Sí, esa etapa del “storytelling” en la que tanto hincapié ponen los maestros de Educación Infantil y Primaria. Cuentos como los de Gloria Fuertes y las adaptaciones Disney de dibujos animados marcaron de felicidad los mejores momentos de mi infancia reunida, cómo no, de los míos (mis padres y hermanos). También recuerdo con cariño aquellas tardes en casa de mi abuela, leyendo Danko, el caballo que conocía las estrellas, creo que fueron muchas las veces que me leí ese libro imaginándome la protagonista del mismo.
 


  Sin embargo, luego llegarían los distintos libros “obligatorios” de la Educación Secundaria, El carrer de les Camèlies, L’amulet egipci, Cartas de invierno, El Valle de los Lobos, entre otros títulos de una larga lista. Con este último fue con el que más disfrute, y proseguí con los otros dos libros: La maldición del Maestro y La llamada de los muertos. Mientras leía estos libros los compaginaba con otros como Marina de Carlos Ruiz Zafón, Oliver Twist de Dickens y los cómics de Mortadelo y Filemón y los de X-Men, sin duda, mis preferidos.


 Uno de los libros obligatorios de Bachillerato fue el poemario de Miguel Hernández, el cual me llevó a recordar los viejos tiempos de la mano de Gloria Fuertes y aquellos dibujos animados que siempre me cautivaron, volviendo al “niño” que llevamos dentro. Ese libro me incitó a buscar otros libros de poesía, dentro del cual he de destacar La región del silencio del poeta Paco Mollá, que aún leo con cariño porque es el autor de mi tierra natal, Petrer. De este libro me fascina el poema dedicado a la ermita de Catí, todo un gesto de amor a "su pueblo y el mío".


  Ahora mismo, ocupada con el máster, las oposiciones y preparándome el inglés B1 en la Escuela Oficial, no encuentro casi ningún momento para cultivar el goce de la lectura. Entre los libros pendientes en mi mesita de noche está 1984 de Orwell y su Animal Farm también. Otras obras que me gustaría leer y que me recomendaron son El señor de las moscas de Golding y El médico de Noah Gordon. Pero, para eso necesito tiempo, que es algo de lo que todos nos aquejamos. Y es que para leer y disfrutar de la lectura hay que encontrar el momento y el lugar apropiados que inciten a la reflexión y dejar que la obra (los personajes y sus acciones) nos influya sobre nuestra manera de ver las cosas y, en última instancia, nuestra percepción del mundo. Y es que leer te permite viajar a través del espacio y el tiempo y, sobre todo, alejarte por unos instantes de la presión generada por las exigencias de la sociedad. Puede que haya cambiado mi forma de leer o mis gustos, pero lo que nunca podrá cambiar es esa infancia reunida con mi familia, la cual me ha hecho ser como soy hoy en día.   

lunes, 22 de febrero de 2016

La vida entre letras



Buscando entre mis recuerdos, como canta Luz Casal, y para introducir mi autobiografía lectora, los libros han sido una pesadilla al comienzo de este hábito. La profesora Virtudes de Educación Primaria, nos obligaba a leer en voz alta, delante de toda la clase, para ridiculizarnos si cometíamos algún fallo. Este hecho marcó mi vida, cada vez que leía temblaba mi cuerpo al creer que iba a ser juzgada.

El baile me enseñó un camino distinto de lecturas. Mediante la música y la expresión corporal aprendí a interpretar las letras de las canciones, letrillas que después leía en silencio para retenerlas en mi memoria. No importaba la opinión de otros, era lo que mi alma con esas letras comunicaba, canciones como Corazón partío  de Alejandro Sanz, Desesperada de Marta Sánchez o incluso la Macarena de Los del Río. Pero esto no fue suficiente, tenía que leer más.

Recuerdo aquella colección de libros con sus cintas para casete y vídeo que mi madre compró, al fin de evitar mi problema con la lectura.  Todas esas historias eran la versión barata de clásicos como El Rey león, La oca de oro o El pirata Barba Azul, cuando leía sus historias sentía un sinfín de emociones. Casi todos los días, mi madre me decía que leyese, así que primero comenzaba leyendo en silencio, luego ponía el audio, después alzaba la voz hasta llegar a interpretar las mismas entonaciones que el narrador. Con esta técnica mejoré mi fluidez lectora, además de la fobia ocasionada por esa horrible maestra. 


Al final de esta etapa primaria me aficione a la lectura de revistas como Vale o Super Pop, en las cuales publicaban cartas de adolescentes con problemas similares a los mios. Como nunca me atreví a escribir a la revista, hice mi propio diario, en él explicaba el día a día, como forma de expresión personal.

A mis 14 años apareció la profesora Ana, aún conservo preciosos recuerdos de ella. Ana nos enseñaba a conectar con los libros, leíamos aventuras para todos los gustos, siempre adaptado a las preferencias de cada alumno; a las chicas nos encantaba libros como Las brujan no besan, Pantalones vaqueros o Un pie que hablaba inglés. También interpretábamos cada texto leído, Ana nos preguntaba: ¿qué dice el escritor en esta parte?, no importaba si las respuestas eran disparatadas, todo estaba bien, era nuestra concepción, la interpretación de esas letras. Por último Ana, nos ayudó a entender la literatura de la mano de Bécquer, con sus preciosas rimas, y apasionantes leyendas.


Después he tenido suerte, mi prima o como yo la llamo, hermana mayor, me ha guiado en este mundo encantado. Ambas enamoradas de las letras, nos intercambiamos obras y debatimos sobre la diferente interpretación de la historia; nos gusta el misterio y los finales abiertos, detestamos los libros electrónicos, y nos encantaría que comercializarán el olor a libro nuevo con ideas preconcebidas con solo una lectura del resumen. Mi querido Ruiz Zafón, me hace olvidar el mundo para entrar en “el cementerio de los libros olvidados”, destacaría  El Juego del Ángel como libro favorito (Carlos Ruiz Zafón página oficial). 

Mencionar que en una etapa de mi vida, en la que me planteaba muchos interrogantes y no encontraba el sentido de la vida, decidí leer libros basados en la autoayuda, lecturas que fueron erróneas y no ayudaron a canalizar mis emociones, un ejemplo: Muchos libros, muchos maestros. 

Para concluir, decir que sí  ha cambiado la forma de leer, el avance tecnológico hace más fácil el camino del hábito lector; los libros son lecturas,  pero también la expresión de ideas que nacen del alma transimitidas en redes sociales, canciones, imágenes o con la simple comunicación no verbal, estas son las lecturas que hacemos nosotros mismos en otros, por eso no nos vamos a callar, vamos a comunicar como mejor sabemos, desde el corazón.